
Alan Turing: el matemático que soñó con las máquinas que piensan
Infancia y primeras obsesiones
En el verano de 1912, en una Londres todavía marcada por la elegancia victoriana y los vientos de cambio de un nuevo siglo, nació un niño llamado Alan Mathison Turing. No parecía, a simple vista, destinado a cambiar el mundo. Su familia era de clase media, con un padre funcionario en la India y una madre orgullosa de sus raíces coloniales.
Desde pequeño, Alan mostró un modo peculiar de ver la realidad. Mientras otros niños se entretenían en juegos y deportes, él parecía fascinado por los patrones, por la lógica secreta que parecía ocultarse detrás de las cosas más simples. Aprendió a leer casi por sí mismo y, sin que nadie se lo pidiera, resolvía problemas matemáticos que superaban con creces a los de su edad.